1. Jorodowsky se la pela al Filósofo de Cantina

    Vine a buscar al Filósofo de Cantina. Lo encontré sentado en la mesa de siempre, con la silla de espaldas a la puerta principal, mirando hacia una enorme pantalla de plasma. Tenía a un lado una botella de cerveza que sudaba y encharcaba una servilleta doblada por la mitad.

    Me acerqué por un costado, tratando de no hacer ruido, para sorprenderlo. Le palmeé el hombro con la mano izquierda y le extendí la derecha para saludarlo. El Filósofo pegó un brinco y después miró hacia arriba, para ver quién era. Soltó una carcajada al reconocerme. Sacudió mi mano, se puso de pie y me abrazó con fuerza: como lo hacen los viejos amigos. 
     
    -Qué bueno que llegaste: no soportaba seguir fingiendo que me interesa ver deportes en la televisión –Me dijo con una sonrisa que contrastó en su rostro siempre serio.
     
    El Filósofo de Cantina jaló una silla para que me sentara. A falta de opciones cerveceras, pedí una Superior, que vino acompañada de un plato con higaditos deshidratados y pico de gallo. Alcé la cerveza y la choqué con la del Filósofo. 
     
    -¿Qué descubriste? –me preguntó antes de dar el trago que sigue siempre a un brindis.
    Preguntas tan concretas siempre tienen algo de abstracto. O tal vez es al revés: preguntas tan abstractas buscan siempre respuestas concretas. 
    Le platiqué -con el lujo de detalles que mi memoria me permitió- todo lo que hice durante el año que no lo vi. Le conté lo que había aprendido, lo que seguía buscando y lo que no había logrado; los lugares que visité y las personas que conocí. Le describí la sensación que no deja de perseguirme; ésa de no hallarme en ningún sitio, o de hallarme por momentos y después querer salir huyendo –harto- hacia otra parte.

    Quizás el Filósofo de Cantina percibió que intenté disimular el tono quebradizo de mi voz al pronunciar estas últimas palabras, pues me interrumpió diciendo:
    -No es algo que deba incomodarte. ¿Acaso no dicen los más sabios -y los más estúpidos lo repiten- que la vida es un viaje y no un destino? Si un estúpido repite como cotorro lo que dice un sabio, es que está haciendo todo lo contrario a lo que el sabio dice. Recuerda que el estúpido repite, el sabio dice y el más sabio actúa. La mayoría busca el destino. El bunker donde se sientan protegidos. A veces ni buscan: se quedan donde están porque prefieren la seguridad que da el tedio de la rutina. Pero predican lo contrario. Haz de la búsqueda tu rutina. Siempre será una práctica más amable, creo yo; más llevadera, pues lo inesperado será tu rutina. Benditos los que no encajan en ninguna parte, pues su búsqueda será eterna. Pero creo que todo lugar que te dé respuestas, es tu sitio. Las respuestas nunca terminan. Están siempre en el aire. Incluso hay preguntas que ni siquiera se han inventado aún para recibir tales respuestas, que se asimilan sólo con los sentidos que la mayoría ignora tener; y que, a final de cuentas, están en lo más profundo de uno.
    El Filósofo de Cantina dio un trago a su cerveza, sin quitarme los ojos de encima, y me dijo:

    -Me ha dado mucho gusto verte. 
    Regresé a casa un par de horas después. Me senté en la banqueta a contemplar la silueta de las montañas, pensando hacia dónde me llevará mi siguiente “viaje interior”; por no decir: “hacia dónde me llevará el hartazgo de no hallarme en ningún lugar”.

    hace 2 días  /  0 notas

  2. Oye Carcaño

    -Oye Carcaño, ¿No te pasa como que quieres morir?

    -No.

    -O sea, si me arrolla un Circunvalación al rato, por mí no habría problema.

    -Dramático

    -Sí, la vida apesta y luego uno se muere. ¿Qué le vamos a…

    -Ve a deprimir a los de Derecho, o a los de Administración.

    -Hola Flavio, me mandaron a deprimir a los de Derecho.

    -Llegaste tarde. Muy muy tarde.

    hace 1 semana  /  0 notas

  3. El del 7/24

    La última noche de vacaciones, antes de volver a clases, me encomendé a la tarea de emborracharme, porque en vez de sentencia, nomás se hace oficio. Un indigente afuera de un 7/24 me dijo que le caía bien y lo abracé, y me di cuenta de que la sobriedad sólo sirve, a veces, para recordarnos que somos gente decente. Y que hasta para antes de ser rockeros, somos músicos. Hay personas a quienes se les da la decencia, y hay otros que sólo contemplamos todo desde una cuerda floja mientras silbamos. Hay quienes sólo tenemos espíritu de perro. Esa es la gente que me aprieta el corazón. Los proscritos, los sin nombre, los apátridas, los Santos de alcantarilla, los de alcatraces en la garganta. Los que traen ternura y crueldad agarradas una a la izquierda, otra a la derecha, y aprenden a equilibrar el paso mientras ríen. Los que se saben el bufón del pueblo. Los que matan moscas y equilibran mesas con clásicos de literatura universal.

    Recordé al hombre del vagabundo del 7/24 con ojos de zorro, lumbre en el cogote y su vigorexia. Por las calles de la ciudad corremos la misma suerte de ser sepultados en un mar de libros. Una fuga de la muerte, un elogio de la lejanía. Así el hígado de los proscritos que aún no aprenden a decir “Patria”. Ellos traen su hogar en los pies, y devoran demonios con el arte del olvido. Esos hombres y mujeres de los que se ven pocos, y que tal vez no existan, a no ser por nuestra generosa forma de construir altares a como mejor se nos acomode. Dionisio y Apolo pegándose un tiro ahí donde no quisieras que estén. Dionisio y Apolo hablándote quedito a ver si quieres invitarles la borrachera. Una borrachera muy lejos del alcohol y de la locura, y de lo sano. Una borrachera mareada que no distingue a vivos ni a muertos.

    Esos muertos que prenden fuego al imperio de los vivos. Esos que no te dejan dormir. Esos que te dan el buenasnoches mientras sonríes. Traes en tu mano una consigna, en la espalda una cruz, en la cabeza un nido de pájaros descuartizados. Porque la locura nada tiene que ver con el genio. Y el genio nada tiene que ver con las ganas.

    Algo así pensé mientras regresaba del 7/24 y el indigente me hacía Adiós con la mano. Nada tiene de honorable arder nomás por arder. Aunque el honor, ciertamente, tampoco sirve de mucho.

    Pero a la comedia ni quién la pare.

    hace 2 semanas  /  0 notas

  4. Ninguna persona puede ser mi amigo.

    Nadie que diga que le gusta Tarantino y no haya visto A Bande à Part merece mi respeto.

    Los músicos no pensamos.

    No confío en los policías. Una vez me dijeron que las drogas destruyen, lo mismo me dijeron del Rock n’ Roll.

    No me había dado cuenta que malos eran los Strokes hasta que escuche a Los Libertines.

    Compartir un chingo de citas, frases y memes en Facebook es como tener dos celulares en tu cintura. Regresate a Hi5 reggaetonero asqueroso.

    El Fraccionamiento ‘Palmira’ esta bien para vivir, si tienes 90 años y eres un vegetal.

    Liam Gallagher es la estafa más grande del rock&roll desde Milli Vanilli y ellos de perdido podian bailar.

    Odio al arte y los artistas pero me gustan mucho las artistas, sobretodo las pintoras y las cantantes. Las poetas siempre son una bola de histericas.

    Los Rolling Stones se acabaron el día que los Beatles se autodestruyeron.

    Entre más se adentra un Circunvalación, se sube mas gente con barbas y huaraches y mantas. La gente odia a los hippies.

    Si, sigueme platicando de tus versos o de tus esculturas, pero bajate el escote o subete la falda.

    Tu vida sexualmente activa es proporcionalmente inversa a tu colección de metal progresivo.

    Ninguna persona que no le guste el bourbon y los Rolling Stones puede ser mi amigo.

    hace 3 semanas  /  0 notas

  5. Viernes

    Estoy dormido en una habitación y me levanto de repente. Me cuesta trabajo saber donde estoy, no me puedo mover, noto que estoy embarado de todo el cuerpo y tengo ganas de vomitar. Corro al baño aunque dejo una estela tras de mí. El alcohol de toda la noche me evapora del cuerpo. Me siento ligeramente sobrio. Cuando regreso a la habitación, prendo la luz y veo que he hecho un tiradero asqueroso. Encuentro ropa interior femenina en la cama. En el sillón de al lado está una chica desnuda, cubriéndose con mi chamarra. La alfombra tiene colillas de cigarro y veo una gran mancha color mezcal, cena y cerveza. Salgo y no veo a ninguno de mis amigos, la dueña de la casa ya se durmió, espero… 

    Pero no. Oigo su voz platicando con alguien y descubro que ya todos se fueron, aunque la chica desnuda todavía duerme en el sillón.

    Agarro la escoba y el trapeador. Como mejor me da entender la vida, limpio. Barro mi bilis y la trapeo con Pinol. Salgo de la casa aún tambaleando. Mi playera de los Stones y mis pantalones rotos apestan a cerveza, cigarro y vomito. No quiero tomar un taxi de la pena. Así que camino hasta mi casa. Compro unos cigarros en el primer Oxxo que veo y el vendedor sonríe:

    -¿Viene de la fiesta?

    No le contesto y le doy el dinero exacto.

    En mi casa, me desnudo en mi patio y me quito el pantalón y la playera.

    Huelen a vómito y las remojo.

    Las exprimo y las cuelgo en la escalera que da al techo.

    Apenas es viernes. Qué horror !Y lo que falta todavía!

    hace 4 semanas  /  0 notas

  6. Enero

    Cuando era niño enero representaba el mejor mes de todos, venía de navidad con juguetes, llegaba al seis de enero con más juguetes y mi cumpleaños es el 24 de enero, por lo tanto, caían más juguetes.

    El problema es que conforme pasó el tiempo los juguetes se transformaron en preocupaciones y dudas existenciales. Después de la dictadura hormonal durante la adolescencia quedas construido de escombros, eres un tarado con muchas responsabilidades y pocas ganas de vivir. Te refugias en las chicas, el alcohol, las drogas, los proyectos imposibles. Terminas viendo el amanecer y haciendo teorías sobre cómo nos va a coger el futuro. Siempre pensando en el futuro, para olvidar lo que no hiciste en el presente.

    Odio el presente de enero, odio que todos estén tan confundidos y pretendiendo que las cosas están bien cuando este pinche mes es como un gran lunes de clima caótico, deudas y la incertidumbre de un año que sabes que va a estar chingón pero siempre te da pesadillas que sea un asco. Nunca sabemos de dónde va a venir la bala. Nunca vemos al tigre cuando nos está acechando. Pensar en el futuro es pensar en pendejadas, pensar en el presente es perder el tiempo, pensar en el pasado te hace viejo. Por eso prefiero volverme un monstruo enojado con estos tres tratados humanos para entender el tiempo, esa fuerza terrible que nos transforma hasta volvernos algo que jamás quisimos: una guacara en medio de la fiesta, media tacha para ver el amanecer, un gallo para irse a dormir, una llamada para pedirle perdón y tener algo que te abrace en el futuro.

    En fin, enero es un asco y aunque quieras pretender que la vas a armar solo y que vas a iniciar el año con el pie derecho, la verdad es que siempre tienes ganas de llorar, la verdad es que ya no puedes. Por eso mejor deja de hacerte pendejo pensando en todo esto y busca a alguien que te abrace y te quiera por la basura que eres, entre más guapa y sonriente mejor, entre más le guste dormir contigo mejor, entre menos le importe qué vas a hacer durante el 2013, mejor. Alguien que te seque las lágrimas con chupetones y amor. Sálvate la vida con sus chichis, este enero asqueroso. 

    hace 1 mes  /  0 notas

  7. Fiesta

    Los invito a una fiesta a mi casa, habrá drogas y cervezas. Cervezas con alcohol.

    Tomen lo que quieran amigos, ¡YO INVITO TODO!

    Nada más que usen los vasos rojos que dejé en la mesa. Los de vidirio no porque son de vidrio del bueno.

    Y les encargo levantar las sillas cuando se muevan, porque me rayan el piso y pues, mi mamá se encabrona.

    Y A LAS ONCE ME APAGAN LA PINCHE MÚSICA QUE YO MAÑANA SI TENGO CLASES ¡MUGROSOS HIPPIES!

    hace 1 mes  /  0 notas

  8. No quiero ser gente de mundo

    El mundo está compuesto de seres y hechos ordinarios a los cuales nos encargamos de enaltecer. De volverlos fantásticos y extraordinarios. Eso es, tal vez, una de las características más bellas de nuestra mortalidad. Somos finitos hasta que el cielo o una ráfaga de epifanía nos diga lo contrario. Quiero envejecer pero no quiero ser neutral ante lo ordinario. Quiero envejecer pero no quiero perder las ganas. Las ganas se nos pudren no necesariamente con la edad, aunque culpen al tiempo y al mundo de matarlas poco a poco. Culpan al loco de lanzarse al vacío y de ir hacia la bruma con la seguridad de un niño, pero lo adjudican como de todos los males, el peor. Yo no compro la idea de agarrar callo para morir tranquilo. Pancartas para los idealistas y revolucionarios, pancartas para el insomnio. Pancartas para el hombre de experiencia, pancartas para la razón. Pancartas para el ateo y también para el que se aferra a sus cruzadas. Y desde todos los fuertes se tragan unos a otros porque sólo hay una verdad. La única verdad que traigo en el pecho es la de los círculos concéntricos que se forman en el agua. Círculos concéntricos que se propagan mientras cada quien, con su mastin, le pone nombre a la vida y defienden o matan al absurdo. El absurdo no existe para el patafísico. El patafísico no existe para el pescador que llega a casa con sus redes cansadas y vacías. El vacío tampoco existe para quien supone a la vida un tropel de significados y símbolos estúpidos. Y así en todos los espacios por dentro y por fuera hasta que alguien se anima a decir que lo único que existe es lo que llega a creer.

    Pero yo no quiero ser gente de mundo. A mí sólo respétenme el hambre de quedarme viendo.

    hace 3 meses  /  0 notas

  9. Historia en el aire Pt I

    No me di cuenta en qué momento tuve conciencia de mis actos y vi a un tipo frente a mi hablando de dinero. Estoy en la escuela. Al rededor veo al resto de la clase con una hoja que de título tiene ‘Administración Financiera’ Supongo que no he puesto atención en las últimas horas del día.

    Diciembre 2006
    Estoy solo en mi habitación cuando alguien toca la puerta. Es mi amigo Leonardo, aunque siempre lo llamo Leo. Me invita a una fiesta no muy lejos de mi casa. Sin más titubear acepto ir. El lugar es una pequeña casa de apenas unas tres habitaciones. Hay muchos desconocidos y veo cientos de botellas de cerveza y whisky.

    «Sandoval, ¿entendió?» Me pregunta el profesor como si yo estuviera distraído. Y es que lo estoy. No sé de qué carajos está hablando. Todos escriben mientras yo veo el teléfono cada cinco minutos. El profesor se da cuenta y me saca de su clase. Son solo treinta minutos los que tengo para que salga el resto. Agarro mis cosas y voy por mi desayuno.

    La noche avanza despacio. La gente comienza a llegar poco a poco. Son apenas las once de la noche y Leo ya está pidiendo drogas. Veo muchas chicas guapas, pero en especial hay una que me mira. Me sonroja pero no creo que se de cuenta que lo estoy. La tengo como a tres metros de mi. Me volteo y me sirvo otra cerveza.

    «Un café por favor» La señora de la cafetería me sirve el mejor café que he tomado desde que entré a la universidad. Saco mi carpeta y me pongo a estudiar lo que escribí durante la clase sin darme cuenta que lo escribía. La cafetería se llena en minutos y me voy de ahí para ir a la Alameda que está a una cuadra de la escuela.

    Leo regresa y me dice ‘Wey, tengo hierba. Vamos a quemar.’ Nos vamos al patio de atrás de la casa. Alguien pone música, a Nickelback concretamente. En ese momento hago mi porro y se lo paso a Leo para fumar. Hay muchos ‘fresitas’ y se asustan. El olor de mota y alcohol es intenso para ellos. Pobrecitos, les falta vivir lo que no han vivido.

    Hace mucho frío y en la Alameda, la neblina baja. Parece un invierno inglés y me gusta. La gente pasa haciendo ejercicio. Son las once de la mañana y prácticamente ya salí de clases. No sé qué hacer y me pongo a fumar mientras sigo  viendo a la gente ejercitándose.

    Parece que el efecto de la mota si funciona, o tal vez es porque no comí nada. No importa. Empiezo a ver a la gente alterarse, a ponerse más ebria de lo que está. Parece que no entiendo lo que sucede. Supongo que ahora si me dieron mota de la buena. Salgo disparado al baño y encuentro a la chica que me pone nervioso. Y me pongo todavía más nervioso. No me animo a entrar al baño. Su sola presencia me quita las ganas de ir. Quiero contemplarla dentro de mi drogado viaje. ¡Dios! se ve realmente hermosa. Pero las ganas de entrar son más intensas. Cuando salgo, Ya no está más afuera.

    La neblina no me deja mirar a más de tres metros. Tengo que volver al taller y no sabía que tenía que regresar. Tengo hambre y los niños comiendo algodones de azúcar hace que me de más hambre. Quizá es el antojo. No sé qué hacer en estos momentos. Y prefiero seguir sentado mientras me fumo mi cigarro. Se acerca un policía y me dice: ‘¿Qué frío verdad?’ Le ofrezco un cigarro, lo enciende y comenzamos a charlar a cerca de los locos que se ponen a correr en plena neblina. Le digo que yo lo hacía cuando fui atleta. Y que me gustaba porque no sentía el cansancio. El policía me reta a una carrera y apostamos otro cigarro.

    Regreso del baño desesperado buscando a la chica que me pone nervioso. Esa sensación combinada con mis sentidos drogados es única. Jamás me había sentido así en mucho tiempo, quizá nunca. Ella tiene algo que hace que disfrute esa noche. Noche que estaba destinada a muchos sucesos. El primero fue una banda de rock tocando el blues más crudo que pueda existir. Siento la misma sensación que cuando veo a la chica que me pone nervioso. Me quedo a escuchar a la banda mientras el efecto de la mota se me pasa. Siento que fue una eternidad. No ha pasado más de media hora en la que lo único que estuve pensando fue en ella, en buscarla, en verla para sentirme drogado con su presencia, para sentir que esa no es una noche cualquiera. La banda empieza a tocar Not Fade Away y la chica por fin aparece. Apareció para cantar. Para hacer más único el momento de mi malviaje en drogas y alcohol. Me seduce con su voz, con sus movimientos incitadores, con su cabello meneándose hacia donde estoy. Cierro los ojos y entro de mi, canto con ella. Despierto y estamos frente a todos en el escenario alternándonos la letra. Mi malviaje ya es una realidad. Al menos eso creo porque no distingo nada. Lo disfruto tanto que sigo cantando.

    El policía pierde la carrera y le gano el cigarro. Quiere una revancha que no dudo en dársela. Pero primero quiere descansar. Los policías tienen una mala condición física que e aventajo en mucho. Mientras descansamos vemos correr a una chica muy bonita, el policía me dice que cuando conoció a su esposa, tenía esos rasgos. Guapa, simpática, bella, inteligente, muchos calificativos que siento que es sacada de una película. La confianza es tan directa que me invita a comer a su casa, su turno termina a la una de la tarde. Sin titubear le acepto la invitación y dejo de lado el taller que tengo a media tarde. Sin antes recordarle que tenemos una revancha pendiente. Sonríe y me dice que después de eso iremos a comer. Me fumo el cigarro de mi victoria y nos disponemos a proceder a la revancha. El policía se ve más confiado, y me empiezo a sentir nervioso. No puedo sacarme de la cabeza a su esposa, me intriga conocerla. Sé de una chica que conocí en un lugar mal recordado. Debe ser por lo drogado en ácido que andaba. Y casualmente es idéntica en descripción. Prefiero concentrarme para volver a ganar otro cigarro.

    Termina de cantar con la banda que tocaba, bajamos y le invito un trago, lo acepta y nos ponemos a platicar. Lamentablemente eso seguía siendo parte del efecto de la mota. La banda sigue tocando y ella no está. Alucino con ella, siento su presencia pero no la veo. Me siento drogado y veo el porro la mota en la mano ya consumido. Mi droga ha sido ella en toda la noche. Aparece Lalo con una botella de whisky y me la da a beber. También aparecen el resto de mis amigos. Gina, Eric, Adrian, Braulio, Karen, Ale. Con los que siempre paso los fines de semana. Me preguntan si ando ebrio, la respuesta es obvia, pero ando ebrio de seducción. Y drogado, de mota. No tengo sentidos para percibir lo que pasa, escucho que alguien empieza a gritar, todo mundo voltea, salimos a investigar. Rumoran que en el baño alguien vomita sangre, no tenemos idea de quién y no nos importa. Continuamos con la fiesta. 

    Sigo pensando en la esposa del policía y me vienen muchos recuerdos a la cabeza. Siento que la he sentido suspirar. No me doy cuenta y he perdido la carrera, y un cigarro de apuesta. Recojo mis cosas y nos dirigimos a casa del policía. Su esposa no está pero me muestra fotos de ella, realmente es hermosa, y me pregunto ¿Cómo es que terminó siendo esposa de un policía? Supongo que eso si es amor. La comida se termina y me voy con las ganas de haber querido conocerla.

    hace 3 meses  /  0 notas

  10. La mujer de mi amigo

    Me acuerdo mucho de Anita. Anita era ese tipo de mujeres que miras y te mira. Ella y yo nos mirábamos. Pero hay un detalle, ese de ahí es Aldo y ésta es su chica y ahí queda todo. No se toca. La idea de robar la chica a uno de mis amigos no cabía en mi cabeza, así que los días iban pasando.

    La verdad era que yo miraba a Anita, y miraba a Aldo, y la miraba otra vez y pensaba: No hay nada que pueda hacer para evitarlo, al final voy a tener que estar con ella.

    Además yo estaba empezando a darme cuenta de lo que pasaba entre ellos, oía los golpes por las noches, y a la mañana siguiente aparecía ella con un ojo morado. Aldo era de los que pegan a las mujeres, pero si había una mujer en el mundo a la que era mejor no pegar, ésa era Anita. Siempre que se peleaban ella acababa vendada y llena de moretones. Todo aquello no tenía nada que ver conmigo, ¿verdad? Yo sólo andaba por allí para pasar tiempo con mi amigo.

    Así que Anita, Susana y yo cruzamos las vías y cuando llegamos al otro lado de la ciudad nos fuimos a un bar muy famoso que hay en la avenida del Circuito Sur. Por aquellos días esa parte de la ciudad era un poco áspera y cuando salimos al rededor de las tres de la mañana nos encontramos con que se había montado una buena bronca: había gente lanzando cosas al coche, y la cosa fue a más cuando nos vieron llegar.

    Igual era un rollo de ebrios contra ebrios o contra nosotros, o puede que fuera porque llevábamos la bandera del papa ese día (yo solía ponerle al coche el típico mástil para llevar banderita, como un vehículo oficial, y se la iba cambiando). Apareció la policía y cuando me quise dar cuenta estaba metido en una guerra de policías y borrachos a plena noche. Entonces aparecieron otros policías con porra en mano que empezaron a arrearles en la cabeza a todos los que estaban en el desmadre, a todos sin excepción. Y se veía que los tipos se lo esperaban, me dio la sensación de que era el procedimiento habitual. Al cabo de unas noventa y nueve cabezas rotas supuse que a mí me iban a dar también pero no fue así: un policía quería que identificara a los culpables escogidos, un puñado de sospechosos borrachos, para presentar cargos contra ellos por haber destrozado el coche y provocado los altercados, pero yo me negué, así que al final la cosa quedó en una multa de tránsito, un papel que había que firmar, dinero que cambió de manos, e incluso estuve a punto de que me tuvieran toda la noche retenido. 

    A la madrugada fuimos a que nos arreglaran el parabrisas y salimos de allí con esperanzas renovadas pero sin Susi, que ya había tenido bastante tensión y quería volver a su casa. Así que, sin nadie que nos vigilara, seguimos hacia nuestras respectivas casas: Anita y yo descubrimos por el camino que estábamos verdaderamente interesados el uno en el otro. 

    Nunca en mi vida he dado el primer paso para enrollarme con una mujer, simplemente no sé cómo hacerlo, mi instinto es dejarle hacer a ella, lo que no deja de ser bastante raro, pero es que soy incapaz de salir con frases del tipo «¿qué pasa, cómo te sientes?, ¿qué, echamos uno?» y todo ese rollo. Me quedo sin palabras. Si están interesadas, darán el primer paso. Por lo menos en mi experiencia ha sido así.

    Y Anita dió el primero. Yo no podía entrarle a la chica de mi amigo, incluso a pesar de que éste se hubiera convertido en un perfecto cretino. De repente, sin la supervisión de su novio, fue la que tuvo los huevos de decir «¡Al carajo todo!». En el asiento trasero de aquel coche, en algún lugar entre el Circuito Sur y la parte baja de la ciudad, miré a Anita, me miró, nos miramos, la presión era tan bestial que sin previo aviso se puso a hacerme una mamada. Esa presión se disipó y de pronto estábamos juntos. No se suele hablar mucho cuando ocurre algo así, aunque sin la necesidad de decir nada lo notas, sientes una sensación de inmenso alivio porque ha llegado por fin el desenlace, porque al fin me quedé con la mujer de mi amigo.

    hace 4 meses  /  0 notas